¿Quien soy?

Creo con sinceridad que el artista nace con una parte de su cerebro que le predispone… Después solo es cuestión de ser honesto consigo mismo y escuchar el impulso que te domina. Cualquier artista dirá que su impulso creativo surgió desde la infancia. Luego, hay que aprender el oficio y dedicarle muchas horas de trabajo y soledad, y a veces de frustración, y mostrar la sensibilidad suficiente para descubrir tu mundo interior tal y como tú lo sientes, sin importar si hay quien no acepta tu forma de expresarte.

Admiro a los grandes autores que están ahí para mostrarse como referente, pero me apasiona contemplar la pintura de los artista contemporáneos y admiro a muchos de ellos.

Yo pinto en primer lugar para mí, por esa necesidad vital que me sana y me equilibra.

Parto de una mancha abstracta que poco a poco va tomando forma con veladuras y empastes. La pintura tiene la capacidad de transformar en algo sublime lo que a-priori es agresivo por su carácter contundente, pero es precisamente lo que me atrae. Intento siempre, y sobre todo, trasmitir una emoción, por eso no profundizo en detalles. Sin emoción el arte no sobrevive.

Casi siempre me centré en el paisaje urbano porque es lo que vivo día a día. Y es una condición de mi ejecución artística el pintar lo que me rodea: es así como cuento mi historia.

Los reflejos de la lluvia sobre el asfalto, los fuertes contrastes de la luz en los atardeceres soleados, la tristeza y el llanto de la niebla, el ir y venir bullicioso de sus habitantes, las profundidades misteriosas de la perspectiva, incluso la asfixiante contaminación, todo puede poseer belleza.

En la etapa más reciente, sin abandonar el paisaje urbano, descubrí lo apasionante de plasmar el alma del retratado. En la actualidad, sigo investigando en este terreno que me ha seducido por completo.